jueves, 23 de agosto de 2012
anorexia
Uno de los problemas más importantes es el de la desinformación que existe actualmente en la sociedad. Si se desarrollara una buena formación la anorexia se vería reducida.
La sociedad desconoce el listado de consecuencia y problemas de salud que puede generar. Las adolescentes desconocen otra técnica para bajar de peso más que imponersa dietas tan restrictivas que promueven el trastorno patológico.
Otro problema se encuentra en la manipulación de los medios: los anuncios de le televisión, los desfiles, las modelos, las publicidades, que crean una imágen ideal, un modelo a seguir.
La hiperactividad del anoréxico
Llamamos hiperactividad a la práctica de ejercicios o actividades físicas pero de forma obsesiva. Pienso todo el tiempo en las calorías que debe quemar para bajar de peso, por lo que se encuentra realizar actividades físicas gran parte del día.
Si a esto se lo acompaña de dietas restrictivas, la suma es el inicio de la anorexia. Tener cuidado.
Además se puede ver una alteración del sueño en los enfermos de anorexia. Esto se debe a que el enfermo pretende estar el mayor tiempo posible despierto para tener mayor gasto calórico y así bajar más kilos.
Si cuentas con alguno de estos problemas, recomendamos acudir a un especialista adecuado.
bipolaridad
Dos polos peligrosos: alegría y tristeza
Es común ver circular en las redes sociales bromas como: “¡Odio ser bipolar, es tan genial!”. El chiste roba las risas de quienes lo leen y, posteriormente, lo comparten con sus amigos. Lo que no saben es que se trata de un trastorno mental que no es para broma. Para Sergio Strejilevich, médico psiquiatra argentino, es recomendable no emplear la palabra bipolaridad porque está más cerca de un adjetivo que de un sustantivo. “Está mal utilizada. Existe una moda de emplear el término como una forma de describir ciertas conductas y eso es malo porque las personas afectadas no gozan esta circunstancia, la sufren”. Lo correcto es hablar de trastorno bipolar, una enfermedad psiquiátrica que produce una falla en los mecanismos biológicos que regulan las normales oscilaciones de los estados de ánimo. Según el especialista, que también es Consejero de la Sociedad Internacional de Trastornos Bipolares, estos dispositivos permiten la adaptación a la vida cotidiana. “Nos permiten estar más activos, receptivos y optimistas cuando las condiciones son las adecuadas, y a la vez más cautos, reservados y con menor actividad social cuando las circunstancias no nos favorecen”. En los pacientes con trastorno bipolar estas oscilaciones no son las adecuadas y sus reacciones son exageradas: se ponen demasiado contentos o demasiado tristes. Sin embargo, a medida que el padecimiento avanza, aparecen episodios automáticos que no tienen ninguna relación con los eventos de la vida y experimentan crisis afectivas, que se manifiestan en tres fases. La primera es la de la manía (hipomanía cuando es moderada). En la mayoría de los casos, el primer síntoma es la disminución del sueño. La persona se despierta en la madrugada con la cabeza llena de ideas y con mucha energía. Se embarca en proyectos que antes no le hubieran llamado la atención, gasta dinero, se muestra muy sociable y hablador, aunque frecuentemente termina resultando indiscreto. También pueden estar irritables, agresivos y, a medida que el cuadro avanza, experimentar síntomas más bizarros como alucinaciones o delirios de grandeza o persecución. “Creen que tienen capacidades o poderes superiores a los de un hombre común”. La segunda fase es contrapuesta: la depresión. Si bien se relaciona con la tristeza, en la depresión lo que hay es una reducción brusca del nivel de actividad. Según Strejilevich, los pacientes casi siempre lo describen como una incapacidad de levantarse de la cama. Tienden a aislarse socialmente. Se reduce el deseo sexual y el apetito. Aparecen las ideas pesimistas y en muchos casos la persona llega a cometer actos suicidas. La última de las fases es la mixta, donde se combina la manía y la depresión. Lejos de ser extraño, este episodio se presenta en el 50% de los casos. La psicóloga Paula Espinosa de los Monteros explica que esta enfermedad es crónica y recurrente y que empeora si no se aplica un tratamiento adecuado. A pesar de que el trastorno bipolar puede presentarse a cualquier edad, es más frecuente que aparezca en la adolescencia. La especialista recuerda a una de sus pacientes que actualmente tiene 28 años. Ella estudió en una universidad del exterior y en ese periodo experimentó la fase maníaca que la condujo al consumo de drogas . Seguido de esto, sufrió un periodo de depresión muy fuerte, que llegó a autoagredirse. Con el tratamiento, ha logrado controlar el trastorno. Según Strejilevich, para el diagnóstico no se recurre a ninguna tecnología especial, sino que se hace a base de una buena entrevista clínica que siempre incluye la información de un tercero: amigo, allegado o familiar, para que no haya errores en la valoración. “Del buen diagnóstico depende el éxito del tratamiento”. Aunque todavía no hay una receta que determine el cese de la afección, es posible controlarla. El tratamiento se apoya en dos aspectos: el farmacológico (con moléculas estabilizadoras del ánimo: litio, balprobato, entre otros) y con la psicoeducación, una estrategia para prevenir recaídas en pacientes con trastorno bipolar. Se la hace en grupo o individualmente. Lo importante es saber que un mal diagnóstico y el uso de los antidepresivos puede empeorar el cuadro médico.
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